La Selección
La Selección Corrió por los pasillos, esquivando a los sirvientes y guardias que intentaban restaurar el orden. Finalmente, lo encontró en una sala lateral, sentado en una silla con la cabeza entre las manos. Cuando levantó la mirada, sus ojos estaban llenos de algo que ella no había visto antes: vulnerabilidad.
—¿Estás bien? —preguntó, arrodillándose a su lado. —No lo sé —admitió él, su voz apenas un susurro—. Cada día siento que estoy fallando a mi pueblo… y a mí mismo.
America tomó su mano, sorprendida por su propio impulso. —No estás solo en esto, Maxon. Pero tienes que dejar que alguien te ayude.
Él la miró, y en ese momento, algo cambió entre ellos. La distancia que los había separado desde el principio comenzó a desvanecerse, reemplazada por una conexión que ninguno de los dos esperaba.
Pero mientras el palacio intentaba levantarse de las cenizas, America sabía que las verdaderas batallas aún estaban por llegar.