La Selección
La Selección Los pasillos eran un laberinto de mármol brillante y alfombras exquisitas. El palacio no solo era inmenso, sino que parecÃa diseñado para intimidar. Las paredes susurraban historias de poder y secretos. America sentÃa que estaba entrando en un mundo que podÃa devorarla sin esfuerzo.
Esa noche, durante la primera cena oficial, todas las chicas se sentaron a una larga mesa iluminada por candelabros impresionantes. El prÃncipe Maxon hizo su entrada, impecable y tranquilo, pero para America, todo parecÃa un espectáculo cuidadosamente coreografiado.
—Buenas noches a todas —dijo él, con una sonrisa amable que parecÃa ensayada—. Estoy emocionado de conocernos mejor en los próximos dÃas.
America lo observó desde su asiento al final de la mesa. A diferencia de las otras chicas, que reÃan nerviosamente o bajaban la mirada con coqueterÃa, ella lo miró con frialdad. ¿Él es la razón por la que estoy aquÃ?, pensó con amargura.
Más tarde, en su habitación, America sintió que la opresión del lugar comenzaba a cerrarse sobre ella. La habitación era magnÃfica, decorada con muebles dorados y suaves telas, pero no podÃa quitarse la sensación de que todo esto era una jaula disfrazada de lujo.
Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Era Marlee, una de las pocas chicas con quien habÃa logrado conectar.
