Apuntes sobre la Filosofia de la Revelacion de F. W. J. Schelling
Apuntes sobre la Filosofia de la Revelacion de F. W. J. Schelling La separación de filosofía negativa y positiva, cuestión de la que se da buena cuenta en las lecciones berlinesas de Schelling junto a aquellas ideas fundamentales de su Filosofía de la Revelación, no despertó precisamente el entusiasmo de Kierkegaard, que con su característica vehemencia acabaría acusando a Schelling de confusión. Aun así, no hay duda de que el empirismo trascendental que postula a lo largo de las mismas hubo de cundir en el ánimo del pensador danés. «Existe un empirismo que es suprasensible, y no obstante empirismo; un empirismo metafísico, no sólo sensible» (17). La filosofía positiva —prosigue Schelling— debe tener una relación con la experiencia. Esa apertura a la trascendencia desde la naturaleza, desde la vivencia inmediata del mundo, interesa sobremanera a Kierkegaard, no en vano la cualifica mediante la denominación más idiosincrática de su pensamiento: la existencia. Esta vivencia, absolutamente particular, supone no obstante la actualización de un ser que antecede el pensamiento que desde ella pueda elaborarse. Más acá de la razón trascendente hay, para Schelling, un fondo que se comparte desde siempre, el de la realidad transracional, suprarreal. Tilliette ha apuntado, en este sentido, que «el pensamiento se reconoce anticipado y solicitado por el ser real, emerge de lo inmemorial (Un-vordenkliches)».[63] Kierkegaard tomó buena nota de esa extraña realidad: que hay algo que trasciende desde la inmanencia, en un movimiento eterno, para actualizarse concretamente en cada existente. Mediante la referencia a lo «imprepensable», pronunciado por Schelling con «reverencia y compunción», según uno de los asistentes, quiso extremar el dramatismo de su propuesta, evitando así edulcorar aquella «situación existencial»[64] que Kierkegaard explotará.