Diario de un seductor

Diario de un seductor

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No, no, es preferible estar libe… pero si pudiera verles sin que se dieran cuenta…

Mi querida señorita, ¿qué es lo que cree que iba a descubrir? En cambio, al contemplarla a usted es posible descubrir muchas cosas… Ante todo, ese gorrito le sienta perfectamente y armoniza por completo la expedición, organizada tan aprisa. En realidad, no es ni un sombrero ni un gorro, sino una especie de cofia. Pero dudo que la llevase esta mañana al salir de casa… ¿Se la ha traído el criado o se la pidió usted a su tía? ¿Quiso así asegurarse el incógnito?

Sin embargo, cuando se quiere ver algo, no se debe bajar totalmente el velo. Puede que no sea un velo, sino una ancha blonda; en la oscuridad no se distingue claramente.

Tiene usted un hermoso mentón, aunque algo agudo; la boca es pequeña y mantiene los labios ligeramente entreabiertos cuando respira, a causa de las prisas. Los dientes son blancos como la nieve. De los dientes dependen muchas cosas. Semeja a un cuerpo de guardia que se oculta detrás de la seductora morbidez de los labios. Las mejillas aparecen sonrosadas, de salud.

Si inclinase la cabeza a un lado, quizás se podría penetrar bajo el velo o la blonda. Pero ¡cuidado! Una mirada desde abajo es mucho más peligrosa que una directa: igual que en esgrima, el movimiento correspondiente.


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