Diario de un seductor
Diario de un seductor En torno mÃo, todo asume un valor figurativo y yo mismo me siento como un mito ante mà mismo ¿no es algo mÃtico el correr hacia eso encuentro?
No importa quien soy. En el olvido van desapareciendo lo finito y lo mortal, para quo sólo quede lo eterno: la fuerza del amor, el deseo infinito y la beatitud. Mi alma es como un arco tendido, los pensamientos están en ella preparados cual dardos en la aljaba, sin veneno, poro dispuestos para penetrar en la sangre… Mi alma se siente fuerte, fresca y presente en sà misma, como un dios…
Ella ora hermosa por naturaleza.
¡Gracias a ti, oh maravillosa naturaleza! Volaste por ella cual una madre. ¡Te agradezco ese admirable cuidado!
Y también gracias a todos vosotros, seres humanos, a quienes ella debo gratitud. Yo sólo desarrolle su alma. Y en breve encontraré mi recompensa.
¡Cuántas cosas concentró en el instante quo se aproxima! ¡SerÃa peor que mi muerte, peor que la perdición, si no lograse aferrarlo!
Aún no veo el coche…
Oigo restallar una fusta; sÃ, es mi cochero… ¡Corre, corre como si dependiera tu vida! Cuando lleguemos a la meta, pueden desaparecer los caballos, pero ni un segundo antes…