Diario de un seductor
Diario de un seductor Con seguridad, nuestros frecuentes encuentros le habrán llamado la atención; quizás ahora comienza a advertir la nueva estrella que ha aparecido en su horizonte y que gravita en la órbita de su vida con fuerza subversiva, pero no tiene la menor idea de las leyes del movimiento. Con frecuencia se siente tentada de mirar en torno suyo para ver el punto al que marcha la nueva estrella y jamás piensa que sea ella misma ese punto. Puede que también a ella se le ocurra creer lo que tantas personas que me rodean creen, es decir, que poseo una gran cantidad de comercios, que siempre estoy en movimiento y que sigo la frase de Fígaro:
«Una, dos, tres, cuatro intrigas a la vez, ese es mi deleite».
Antes de iniciar o de preparar mi ataque, es preciso que tenga un perfecto conocimiento de su carácter. Casi siempre se pretende gozar desaprensivamente de una muchacha igual que de una copa de champaña en el momento en que hierve la espuma. No niego que en la mayoría de veces es muy agradable y es lo más que puede obtenerse de ciertas muchachas; en mi caso, sin embargo, podré seguramente alcanzar una meta más alta.