Diario de un seductor
Diario de un seductor Y su pasión la volverÃa orgullosa y el orgullo la harÃa interesante. Por tanto, estarÃa más cerca que nunca de la caÃda y eso la harÃa aún más interesante.
Lo mejor será que ante todo intente introducirme en el cÃrculo de sus conocidos; puede que entre ellos encuentre a un enamorado tal como yo lo busco. Ella no encontrará esa oportunidad en su casa, pues casi nadie la frecuenta, pero como ella tiene que salir de casa, no faltará la ocasión…
Me pondré a buscar a ese enamorado… No debe ser un héroe lleno de fuego que en seguida pretenda lanzarse al asalto: tan sólo saber introducirse en la casa enclaustrada como un ladrón, a hurtadillas.
El principio estratégico que será ley de todo movimiento en el combate, me hace imprescindible ese proceder: es decir, que yo sólo debo establecer contacto con ella en una situación interesante. Y lo interesante, en todos sus aspectos, deberá ser el terreno en que se ha de librar esa batalla. Si no me equivoco, su temperamento está hecho de tal modo que lo que yo pretendo es justamente lo que ella pretende. Es indispensable intuir en cada instante lo que cada uno puede dar y, por tanto, pretender.