Diario de un seductor
Diario de un seductor Mis casos de amor tienen para mí algo real y constituyen por tal motivo una época y un período de cultura en mi vida que me he prefijado, de modo que con ello se vinculó casi siempre la perfección alcanzada en un arte elegido, deliberado. Así fue como por mi primer amor aprendí el baile y como, por una pequeña bailarina, estudié francés.
Pero en aquel tiempo, yo, igual que todos los tontos, frecuentaba el mercado y a menudo me engañaban. Ahora soy yo quien exige y eleva sus pretensiones.