Diario de un seductor
Diario de un seductor Cuando un hombre habla como un libro impreso, es aburrido escucharle, pero a menudo es muy útil hablar de este modo. Entre todas sus cualidades, un libro tiene la muy rara de dejarse interpretar como se quiere. Hablando como un libro, es posible precisamente llegar a este fin. En mis palabras no me alejé del formulismo rutinario. Innegablemente, Cordelia me pareció sorprendida, tal como esperaba. No sabrÃa, en verdad, describir su aspecto en aquellos instantes. TenÃa la misma apariencia de un comentario del libro, un comentario no escrito aún pero prometido, y susceptible de cualquier interpretación. Una sola palabra más y la muchacha se hubiera reÃdo de mÃ; una palabra más y se hubiera sentido conmovida; una palabra más y se hubiera vuelto suplicante. Pero ni una sola palabra acudió a mis labios; me limité, tan sólo, a lo ritual.
—¡Pero hace tan poco que nos conocemos!
¡Dios mÃo! De esa dificultad sólo nos preocupamos cuando nos queremos comprometer y no cuando recorremos el noble y despreocupado sendero de rosas del amor…