El gato que andaba solo

El gato que andaba solo

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—Entonces nunca volveremos a ser amigos —dijo Perro Salvaje, y marchó trotando a la cueva. Pero cuando se hubo alejado un poco, el Gato dijo para sí: «Lo mismo me da un lugar que otro. ¿Por qué no habría de acercarme, echar un vistazo e irme cuando se me antoje?». Así pues, con gran sigilo, marchó tras Perro Salvaje y se escondió en un lugar desde donde podía oírlo todo.

Cuando Perro Salvaje llegó a la boca de la cueva, levantó la piel de caballo con la nariz y olfateó el delicioso aroma del cordero asado. La Mujer lo oyó, miró la paletilla y dijo riendo:

—Aquí viene el primero. Criatura salvaje de las salvajes espesuras, ¿qué quieres?

Perro Salvaje dijo:

—Oh, enemiga y esposa de mi enemigo, ¿qué es eso cuyo rico olor inunda las salvajes espesuras?

Entonces la Mujer cogió un hueso de cordero asado y se lo tiró a Perro Salvaje, diciendo:

—Criatura salvaje de las salvajes espesuras, prueba y verás.

Perro Salvaje royó el hueso y le pareció la cosa más deliciosa que había probado nunca. Y dijo:

—Oh, enemiga y esposa de mi enemigo, dame otro como éste.

La Mujer dijo:


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