El Libro de la selva
El Libro de la selva —¿Y volver a toda la gente de las aldeas contra nosotros? —gritó Shere Khan—. No. Dádmelo a mÃ. Él es un hombre y ninguno de nosotros se atreve a mirarlo a los ojos.
Akela volvió a levantar la cabeza y dijo:
—Ha compartido nuestra comida; ha dormido con nosotros; nos ha conducido a donde habÃa caza; nos ha quitado las espinas. Y ha cumplido sobradamente la Ley de la Selva.
—Y además yo pagué por él un toro cuando fue aceptado. El valor de un toro no es mucho, pero el honor de Bagheera sà vale luchar por él —aseguró la pantera de forma cortés.
—¡El pago de un toro fue hace diez años! —le atajó la manada—. ¿Y a quién le importan unos huesos tan viejos?
—¡Que no os importa un juramento! —dijo Bagheera enseñando la hilera de sus blancos dientes—. ¡Y os llamáis Pueblo Libre!
—Ningún cachorro de hombre puede convivir con el Pueblo de la Selva —vociferó Shere Khan—. ¡Dádmelo a mÃ!