El Libro de la selva
El Libro de la selva —Él es nuestro hermano en todo, salvo en la sangre —prosiguió Akela—. ¡Y vosotros lo matarÃais aquÃ! En verdad que he vivido demasiado. Algunos de vosotros sois comedores de ganado y de otros he oÃdo decir que, siguiendo las enseñanzas de Shere Khan, bajáis por la noche a las aldeas y les robáis los niños a los aldeanos de sus propias puertas. Por lo tanto, os digo que sois unos cobardes. Es cierto que voy a morir y que mi vida no vale nada, porque si no fuera asÃ, os la ofrecerÃa a cambio de la del cachorro de hombre. Sin embargo, si lo queréis, os puedo librar de la vergüenza de matar a un hermano que no ha cometido ninguna falta y que siempre ha obrado de acuerdo con la Ley de la Selva.
—Ahora el asunto está en tus manos —dijo Bagheera a Mowgli—. Nosotros no podemos hacer más, excepto luchar.
Mowgli se puso de pie, con la olla del fuego en sus manos. Estaba lleno de rabia y de dolor, pues ningún lobo le habÃa demostrado nunca que lo odiase tanto. Y exclamó: