El Libro de la selva
El Libro de la selva —¡Sacadlo de aquÃ! —pidieron las cobras desde dentro—. Baila como Mao, el pavo real, y va a aplastar a nuestras crÃas.
—¡Ajá! —dijo Kaa con una sonrisa—. Veo que este muchacho tiene amigos en todas partes. A ver, échate para atrás, chico y vosotras, Pueblo del Veneno. Voy a echar abajo la pared.
Kaa buscó un lugar en el que hubiera una grieta y el mármol fuera más débil, y, levantando su cuerpo del suelo dos metros, dio media docena de latigazos descomunales que derrumbaron la pared. Mowgli salió de un brinco y se abrazó al cuello de Baloo y Bagheera.
—¿Estás herido? —le preguntó Baloo cariñosamente.
—Me duele todo el cuerpo y estoy hambriento. A vosotros sà que os han zurrado bien, hermanos. Estáis sangrando.
—Otros lo han pasado peor —dijo Bagheera mirando a los monos muertos esparcidos por el suelo—. Pero aquà tienes a Kaa, a quien debemos la victoria y tú, la vida. Dale las gracias, como es nuestra costumbre, Mowgli.
Mowgli se volvió y vio a la enorme pitón meciendo la cabeza por encima de la suya.