El Libro de la selva
El Libro de la selva —¿Asà que este es el cachorro? —comentó Kaa—. Tiene una piel muy suave y se parece mucho a los Bandar-log. Ten cuidado, chico, o te confundiré con un mono por la noche.
—Tú y yo somos de la misma sangre —contestó Mowgli—. Desde hoy te debo la vida. Mi caza será tuya siempre que tengas hambre, Kaa.
—Muchas gracias, Hermanito —dijo Kaa, apoyando su cabeza sobre el hombro de Mowgli—. Tienes un corazón valiente y una lengua cortés, con ambos llegarás lejos en la selva. Y ahora, vete rápido a dormir con tus amigos, que la luna se está poniendo y no está bien que veas lo que a continuación se va a producir.
La luna se hundÃa tras las colinas y las filas de monos temblorosos se agazapaban cogidos unos a otros en las murallas. Kaa se deslizó hacia el centro de la terraza y con sus mandÃbulas hizo un chasquido similar a un tintineo, que atrajo las miradas de todos los monos hacia ella. Desde las murallas se alzó un gemido.
—¡Bien! Ahora empieza la danza, la Danza del Hambre de Kaa. Estaos quietos y mirad.