Fabulas libertinas
Fabulas libertinas En cuanto a Inés, su sincera alegría,
Su carácter jovial, su dulce calma,
Probaban que aún no había
Gérmenes amorosos en su alma.
Nadie sabía el valor de su ternura.
Mas buena la juzgaban para el caso;
Iba a cumplir los veinte, y la natura
Colmó su dicha con letal fracaso,
Quitándola un marido
De esos, que sin disgusto se amortaja,
Y la dejaba un capital, metido
Dentro de una tinaja.
Tenía la bella en suma,
Un algo muy capaz de hacer espuma
Los sesos de un gascón; mil atractivos,
Un aire virginal, muy buena pasta,
Y ciertos promontorios expresivos.
En cuanto a Antón, era gascón, y basta.
Dirigió Antón a Inés ledas canciones,
Suspiros en tropel, frases angélicas;
Pero, los juramentos de gascones,
No pasan por palabras evangélicas.
Inútil era amontonar razones
Para probar que estaba enamorado,
Mas quería se creyese era pagado.
Un día le dijo Inés en son de broma,
Ocultando hábilmente su artificio: