Fabulas libertinas
Fabulas libertinas «—Quiero, amigo, pediros un servicio;
No tendréis que ir a Roma;
Se trata nada más de un chasco airoso,
De engañar a un celoso.
Queremos que durmáis, hasta mañana,
Con el esposo de mi amiga Juana,
Que por mà os lo suplica;
Está Pedro con ella en tramontana,
Y por ver si se explica,
Y consigue acabar la pelotera,
Bien necesita de una noche entera.
Queremos que, sintiéndose a su lado,
Piense Tomás con ella estar echado;
No la toca, pues vive en la abstinencia,
Y ya por celos, ya por impotencia,
Lo más grato del mundo ha abandonado.
Duerme como un lirón; no la examina,
Se contenta con ver su papalina,
Y asà ya os dejaremos arreglado.
Complacedme, os daré buena propina».
Por agradar a Inés, en un establo
HabrÃa dormido Antón, con el diablo.
Llega la hora y lo meten en la cama;
De la traidora luz matan la llama,
Y el buen Tomás, muy luego,
Ocupa su lugar. Antón se siente
Del temor abrasado por el fuego,