Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Antes de amanecer se abrió la puerta,
Como se había pactado,
Y ¡oh colmo de dolor! tan luego abierta
Se encontró todo el cuarto iluminado.
Después de aquella vela,
Antón se habría vestido sin Candela.
Era entonces su pérdida segura,
Y, confuso, a Tomás pide perdones.
«Os perdono» le dice una voz pura
Que en el alma movía las emociones.
Y era Inés, que ocupado el lecho había
En lugar de Tomás, y muy ligera,
Mal vestida, corriera
A los brazos de Juana, que venía
Con Pedro, de calmar su pelotera.
Era, repito, Inés, que a todo trance
Del gascón contó el lance,
Y para que de rabia enloquecido
Se matase, con daga o con veneno,
Mirando el dulce bien que había perdido,
Dejaba al aire su turgente seno.