Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Un demonio, más negro que ladino,
Hizo para un galán enamorado
Un filtro tan divino,
Que su amoroso afán dejó pagado.
Que el amante gozara sus antojos,
La bella inexorable.
«La volveré a tus miras favorable,
Senda será tu amor limpia de abrojos,
Dijo Satán; a tu menor mandato
Por mi poder serás obedecido;
Pero, en el mismo rato,
Tan luego haya cumplido
Lo mandado, tendrás aun que mandarme;
Y, si una vez no saber qué ordenarme,
De los amantes brazos de tu dama
Caerás en la voraz, tremenda llama
De la infernal caldera,
Donde yo haré contigo lo que quiera».
El doncel aceptó. ¡Qué no aceptara!
Es, en suma, el mandar, fácil asunto.
Y en aquel mismo punto,
Como a las puertas de su bien se hallara,
Subió hasta el aposento de la bella;
No sé qué hizo con ella,
Mas, sin dejar el suelo,
Diz que, en su dicha, se creyó en el cielo;
