Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y habría sido completa su ventura
Si, apenas cada cuento concluido,
No escuchase a su oído
Al diablo, que le acosa y que le apura;
Ordena en estos casos el amante
Todo lo que a su mente se presenta:
Alzar torres de pórfido y diamante,
Desatar el fragor de la tormenta.
Todo cuanto pedía
En menos de un segundo se cumplía.
Sólo con pronunciar de oro el vocablo,
Se llenaba su bolsa de doblones;
Mandaba a Roma al diablo
Que tomaba cargado de perdones;
Todo era al enemigo fácil cosa,
Que de una espina hacía fragante rosa.
Y a fuerza de pensar nuestro mancebo
En qué debía pedir, halló agotada
Su mente, al cabo ya rebelde al cebo.
Comunicó sus cuitas a su amada,
Diciendo toda la verdad desnuda,
Y así le respondió ella:
«¿No estriba más que en eso vuestra duda?».
Cuando venga Satán, le mostraréis
Lo que tengo en la mano, y le diréis:
Desriza esto, y no tomes a mi lado
Hasta haberlo desliado».