Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y asihablando, entregó al galán donoso.
No sé qué de un confuso laberinto
De no sé qué recinto,
Lo que un duque juzgara tan precioso,
Que de caballería orden fue luego,
Ansiada por los nobles, sin sosiego[1].
Dijo a Satán nuestro galán gozoso:
«Es línea circular lo que te entrego,
Recta la has de volver de retorcida.
No vengas sin lograrlo, por tu vida».
Vuela el diablo, la mete bajo prensa,
Pero no es la tarea lo que él se piensa.
Ni sendos martillazos,
Que una mole rompieran en pedazos,
Ni el calor de la fragua,
Ni la influencia del agua,
Consiguen lo que anhela;
Por más que en hallar medio se desvela,
No hay filtro, ni prodigio que en razón
Pueda meter el vellón.
Cuanto más lo tocaba,
Menos aquel anillo se soltaba.
«¿Qué es esto, se decía, puede mi vista
Ver cosa que a mi maña se resista
Siendo tan tenue y fino?
Zote sería con esto el más ladino».
Y el diablo fue al amante una mañana,