Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y le dijo, rendido:
«Amigo, estoy vencido,
«El ya nientado Duque disfrutaba de la privanza de una dama de Bruges dotada de peregrina hermosura y habiendo entrado muy do mañana en su alcoba, halló sobre el tocador hebras de su campo inferior, riéndose los gentiles hombres que le acompañaban, del descuido de la señora; y el citado duque, para encubrir este misterio, juré que el que se había reído de aquel vellón no fendrfa la honra de llevar el collar de la orden de Toison que pensaba establecer por el amor de su dama (Teatro de honor y caballería, por Andrés Favyn.
París. R. Foüet, 1620).
Toda mi ciencia para aquesto es vana.
Te devuelvo tu bien y tu palabra,
Libre te dejo ya de mi presencia,
Pero, díme qué es esto, y de qué esencia,
Que así la rota de mi esfuerzo labra».
Y respondió el galán con desparpajo:
«Muy pronto renuncias a vuestros fueros,
Y si queréis seguir ese trabajo,
No extrafleis si os digo
Que de ese rizo, amigo,
Existen numerosos compañeros».