Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Erase un chico, tendero,
Que con sobrada razón
Habían llamado Simplón,
Pues lo era y muy verdadero,
Juzgado de cualquier modo,
Y en amores sobre todo.
Allá en los tiempos pasados,
Para estudiar en amores,
Nuestros plácidos mayores
Querían ser hombres formados.
Así hoy no lo consideran,
Que a tener barbas no esperan.
El caso es que el tal mancebo,
Que de antigua época era,
Corrió en pos de tierno cebo,
Y se corrió en su carrera,
Como dirá la lección
Del inocente Simplón.
Le amó pues una doncella,
Hija de su principal,
Muchacha franca y cabal,
Que le contó su querella
Muy claro, por de contado,
Siendo él tonto rematado.
Júzguela muy atrevida,
Quién quiera —no seré yo,
Pues ya lo mismo se vio,
