Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Pellizquitos, apretones
De manos, y esas mil cosas
Que inflaman los corazones
Y abren del amor las rosas;
Y aun con sobrada razón,
Suspiraba el buen Simplón.
Al fin, tanto suspiraron
Que a la postre se entendieron,
Y eterna fe se juraron,
Y largos besos se dieron,
Que en el besar, el abuso,
Por grande, tan sólo es uso.
En suma, sólo faltaba
Una ceremonia sola
Para hacer rodar la bola,
Y si aquesta no rodaba,
Prometía rodar un día,
Pues la bella, así decía: mi
«Vos seréis quien ese paso
Me enseñará, o en mi vida
Lo aprenderé; fementida
No seré yo en ningún caso.
Para eso, Simplón, desde hoy
Vuestra discípula soy.
CreedIo como os lo cuento;
Soy muy franca y no os digo
Que moriré en un convento