Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Sólo la había dado cita,
Y debían verse en un punto
Propicio para el asunto.
Era un bosquecillo umbroso,
De la caea retirado,
Recogido y silencioso,
Por flores embalsamado.
A él fue la recién casada
Con una adicta criada.
Paseábase hacía algún rato,
Cuando llegó palpitante
El enamorado amante,
Ansioso de frote y trato;
Pero, con torpe razón,
Así exclamó el buen Simplón:
«¡Ay! mi Dios, ¡cuánta humedad!
Mal sitio habéis escogido;
Os mancharéis el vestido,
Y es de gran precio; esperad
Que vaya por un tapete;
Son seis minutos o siete.
—¡Eh! Simplón, por vuestra vida,
No os ocupéis del traje,
Dijo la bella ofendida,
Sino en rendirme homenaje,
Que cuanto el tiempo se tiene,
Aprovecharlo conviene.