Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Rásguese la seda toda,
Rómpase de arriba abajo,
Pero, obrad con desparpajo,
Que tengo almuerzo de boda
Y con vos, antes de hartarme
Quisiera desayunarme.
No está en mi bien lo que digo,
Pero os quiero, y deseo
Cumplir mi promesa, amigo. —
Señora, en verdad, no creo
Que peque, por conservar
Un traje tan singular.
Os lo repito, señora,
La humedad es aquí grande;
¡No está la casa a una hora!
Vuelo y vuelvo, y cuanto mande
Haré luego, prenda amada».
Y partió sin oír ya nada.
Tan consumada tontuna
Curó a la dama.
«¿Es posible Perder así la fortuna?
Dijo. ¡Parece increíble!
Ve con Dios, bobalicón,
No me das pena, Simplón.
Mi ángel bueno me ha guardado;
Él ha visto, de seguro,
Que no merecía tal hado.