Fabulas libertinas
Fabulas libertinas De hoy más, ante Dios lo juro,
Sólo querré a mi marido,
Con pecho fiel y rendido.
Y por si secreto fuego
Aún por el tendero abona,
Voy a otorgarle muy luego
El bien que el otro abandona».
Y esto diciendo, salió
Del bosque umbrió y se alejó.
Amantes, la hora propicia
No da a cada campanada;
Cuando se tiene agarrada,
Presto hay que gritar albricia;
Un mal es la dilación,
Como lo prueba Simplón.
Jadeante de su carrera,
Con el tapete volvía,
Creyendo que todavía
Hora a propósito era
Para enseñar a la dama,
El primer acto del drama.
Ella, entre tanto, mordiendo
Con despecho los sus labios,
Del alma llena de agravios,
en sus adentros gimiendo,
Iba a llevar a su esposo,
Lo que perdía su reposo.