Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Que vigilaba cual gallina clueca.
De continuo su madre le decía:
«Vete a buscar ingenio, desgraciada».
Y la pobre, corría
Entre la vecindad, avergonzada,
Buscando do el ingenio se vendía.
Daba lástima y risa;
Hubo al cabo en el barrio una criatura
Que, apiadada, le dijo fuese aprisa
A visitar a Fray Buenaventura
Que de ingenio tenía la asignatura.
Inés, aunque indecisa
Por distraer a tan grave personaje,
Tomó el camino sin mudar de traje.
«¿Querrá hacerme, decía, dones tamaños,
A mí, que sólo tengo quince años?
¿Valgo yo semejante sacrificio?».
Su candor aumentaba su belleza,
Y el mismo dios-amor perdiera el juicio,
Viendo de aquella virgen la cabeza.
«Reverendo, si no me han engañado,
Dijo la niña al fraile, en el convento
Sois profesor de ingenio, renombrado.
¿Queréis darme un tantico, de fiado?
Con poco me contento,
Pues no es mucho el dinero con que cuento.
Si no basta una vez, hasta que aprenda