Fabulas libertinas
Fabulas libertinas 12-126).
Por este desaguisado,
Nadie creería en mi locura;
Pero, todo calculado,
Exige el cuento entablado
Que se diga, Ana y el cura.
Era Ana una doncella muy lozana,
Que todos en su pueblo veían con gozo,
Y estando una mañana
En la orilla del río, descubrió un mozo
Que en el agua se entraba y salía fuera,
Nudo como su madre lo pariera.
Era la chica lista,
Y del objeto le agradó la vista.
Era hermoso el doncel, de cuerpo y cara,
Y además, como de Ana era querido,
Aunque no bien formado hubiera sido,
Todo amor ocultara,
Que nadie mejor sastre que él ha sido.
Ana, nada temía,
Pues los altos sauces la amparaban
Como una celosía,
Y con entera libertad vagaban
Los ojos de la niña, yendo al cebo
Que más sus esperanzas solicita
De todos los encantos del mancebo,
Muy digno, en fin, de la atención de Anita.