Fabulas libertinas
Fabulas libertinas En más de una ocasión me habÃa jurado
No volver a ocuparme de las monjas,
Asunto que pudiera ser cansado,
Pues hasta las lisonjas
Acaban por no verse con agrado.
Más ¿cómo renunciar a aquesta mina
Tan copiosa y divina
En juegos del amor, en bizarrÃa,
En donosuras del ingenio humano,
Que ningún escribano
Acabar de escribir conseguirÃa?
Aunque sé bien que hay más de un horizonte,
Siempre vienen mis versos a lo bello
De las queridas monjas, por aquello
De que siempre la cabra tira al monte.
Pero, en fin, lo prometo, y ésta, en suma,
Será la última vez que hable mi pluma
De monjas y conventos
En los presentes cuentos.
Fue el caso que, una vez, un jovencito
Agraciado y bonito,
Que aun a los quince abriles no llegaba,
Como doncella entró en un monasterio,
Sin que ninguno oliese aquel misterio,
Pues ni siquiera el bozo le asomaba.
Aprovechó el mancebo de su audacia,
