Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y la fortuna cupo a sor María;
¡La fortuna! En verdad, mejor diría
Diciendo que le cupo en desgracia,
Pues tuvo que ensancharse la cintura,
Y tuvo que parir una criatura
Tan parecida a la doncella-macho
Como lo es un capacho a otro capacho.
Fue en la abadía muchísimo el escándalo.
«¿Por qué agujero aquí se habrá caído
Este pequeño vándalo?
Decía una hermana, ¿quién nos lo ha traído?
¿Acaso, entre una col habrá nacido?».
La priora armó un tiberio,
¡Haber manchado así su monasterio!
Y blanca, cual la cara de un difunto,
Puso a la monja en duro cautiverio,
Y comenzó a pensar en el asunto.
«¿Cómo penetró aquí, de qué manera?
Alto es el muro, antigua la tomera,
Y el torno tan pequeño
Que por él un mancebo no cupiera».
Y la priora añadió frunciendo el ceño:
«¿Será acaso un doncel, de esos perdidos
Para los que no hay nada de sagrado,
Lobo entre mis ovejas descarriado?
Vamos, hijas, quitaros los vestidos,
Que he de ver si mi plan es acertado».