Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Ya ahora veréis, sin malgastar más tinta,
Lo que se ató el doncel enamorado:
Fue el cabo de la cinta
Que de entonces al hombre le ha sobrado.
Con un hilo lo ató de tal manera
Y con tanta maestrÃa,
Que liso cual doncella parecÃa.
Pero, ¿quién en su caso resistiera?
Los querubes, los ángeles, los santos,
Aunque tuvieran fuerzas inauditas,
Sucumbieran al ver cuántos encantos
Mostraron ruborosas las monjitas,
Que eran todas modelos sin segundo,
En las bellezas que a la vista escapan,
Y que sólo ve el sol del nuevo mundo[4].
Pues aquà se le tapan.
TenÃa puestas las gafas la priora
Para juzgar el caso con cordura,
Y descubrir cuál era la criatura
Que del desaguisado era la autora,
Y en tan duro momento,
Sin manto ni ropaje,
Estaban veinte monjas con un traje
Que no hizo la modista del convento.
Si grande fue el delito
El castigo del mozo era infinito,
Y pronto a la razón se manifiesta