Fabulas libertinas
Fabulas libertinas En que paró la fiesta.
La carne, en sus creaciones tan distinta,
Los frescos cuerpos de delicias llenos,
La morbidez de los redondos senos,
Animaron el cabo de la cinta
Que rompió el hilo y se escapó furioso
Como corcel fogoso
Que la brida no enfrena en sus deslices,
Y fue a dar la priora en las narices.
Grave era la cuestión a más de un título;
Se reunieron las monjas en capítulo,
Y después de citar cuantos autores
Sobre análogos casos han hablado,
A las viejas el mozo fue entregado,
Para que en él saciaran sus rencores.
Al jardín le bajaron
Y a un árbol me lo ataron;
Y en tanto que una entraba en las cocinas
A buscar las escobas y escobones;
Que otra corría a sacar las disciplinas;
Mientras otras, temiendo las razones
De las monjas de tiernos corazones,
Que ya se lamentaban,
Sin más, las encerraban;
En fin, mientras el hado de él amigo,
Tenía lejos del campo al enemigo,
Aparece en su mulo un molinero,