Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Pues mal ha de saberte la aventura,
Te vamos a poner como una esponja,
Y pagarás por él su travesura;
¡Toma, toma bribón!
¿Es éste el juego
Al que tienes apego?».
Y el pobre molinero recibía
Un palizón cumplido,
Y a gritos les decía,
Pensando no le hubiesen comprendido:
«Señoras, os haré cuanto queréis
Hasta que satisfechas os quedéis».
Cuanto más así hablaba,
Más la turba monjil se entusiasmaba,
Y no había golpe nulo.
En tanto, alegre el mulo,
Sobre la fresca yerba retozaba.
Qué fue, al fin, de los dos, no lo he sabido,
Y nada al cuento importa,
Ya que el joven fue a tiempo socorrido,
Punto que place y al lector conforta.
Pero apuesto que no hay joven o viejo
Que pensando en sus ansias infinitas,
Ni por veinte monjitas
Quisiera haberse visto en su pellejo.