Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Hizo tanto la joven, sin embargo,
Y no sé si con llantos o consejos,
Pero, la cosa es cierta,
Que el amante encontró la puerta abierta.
Los viejos se rindieron y miraron
Al mozo con agrado y sin tibieza,
Ya porque fuese grande su nobleza,
Ya porque de su gusto lo encontraron,
O ya por otra cosa, que es forzoso
Que todo salga bien al que es dichoso.
Los dos viejos que atento le observaban,
Veían que era su amor fino y certero,
Y esperaban. ¿Aun más?
Pues ¿qué esperaban?
Los viejos esperaban el dinero.
Los dulces bienes de la edad de oro,
No son hoy sino torpes ilusiones,
Y en el Mans no es desdoro
Tener doblas en vez de corazones.
De los abuelos la constante calma,
Hizo al fin que la bella,
Que escuchaba de amores la querella
Y era ya del galán con toda el alma,
El enlace apuró sin escritura
Ni bendición del cura.
No reparó el amor en el erario
Del garrido doncel, y todo junto