Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Fue cura, fue escribano y fue notario.
Los padres no supieron el asunto.
Héte aquí nuestro mozo satisfecho,
Con su adorada y en el mismo lecho.
Decir cómo pasó muy fácil fuera,
Que engañar, una criada siempre sabe,
Y de hacer una llave,
El que paga, he encontrado la manera.
Gozaba pues, en paz, de su ventura,
Sin alarmas, ni quejas, ni amargura.
Empero, sucedió que cierta noche
Que la hermosa indispuesta se encontraba,
Dijo al aya, que todo lo ignoraba,
Pues charlaba la vieja a trochemoche:
«Estoy mal.
—Sé lo que es lo sé sin duda, Dijo la otra.
El remedio es una ayuda,
Y mañana temprano
Os quedará, señora, el cuerpo sano».
Llegó poco después fresco y contento
El mozo, que de amor se consumía,
Y también un alivio requería,
Que cada cual conoce su tormento.
Muy poco hacía que disfrutaba el sueño
Que viene tras el dúlcido beleño
Del amoroso afán, cuando la aurora
Con su dedo de rosa diligente,