Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Descorrió las cortinas del Oriente,
Y como vieja, al fin, madrugadora,
El aya entró en el cuarto, con la ayuda
Preparada, terrible y puntiaguda.
La doncella no tuvo aquí entereza,
Pues todo habría pasado
Con dejar al amante bien tapado.
Mas la emoción trastorna la cabeza,
Y no era, al fin, el caso para risa.
El amante, enterado, fue galante,
Y presentó por ella, en el instante,
Aquello que Brunel mostró a Marfisa[5].
El aya se caló los espejuelos,
Y ensayó su maestría
En el doncel, y luego, sin recelos
Desapareció por donde entrado había.
Váyase al diablo, y en su unión, aquellas
Que estorban los amores de las bellas.
Tal volta i panni ¡ti capo si levuva,
E squadernava (intendetemi bene
Con riverenzia) il fondo delle rene.
(Orlando inamorato, lib. 11, canto XI, ott. 6.)