Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Muchos son causa de su mismo daño,
Y Candelio lo prueba claramente,
Pues fue este rey un tonto de tamaño,
Y además de ser tonto fue imprudente.
«Bien veis, dijo un día a Celio, su vasallo,
De la reina la gracia y la hermosura,
Pues vale mucho más lo que me callo,
No hay como ella en el orbe otra criatura;
Quien no la vio cuando desnuda brilla,
No ha visto maravilla.
Enseñárosla quiero, pues sé el modo
De poderla mirar sin que lo note;
Pero, Celio, mi amigo… no séais zote,
Sólo para admirar mirarlo todo.
No tendría gusto en ello, si de amores
Sintieseis por la reina los ardores;
Contemplad su desnuda donosura
Cual la de una escultura;
Veréis que no os engaño,
Y que ni arte, ni amor, ni pensamiento,
Pueden imaginar tanto portento.
La he dejado en el baño;
Venid a ser testigo
De mi felicidad; venid, amigo».
Corren, y Celio admira,
Se siente de sorpresa poseído,
