Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Quedó muy satisfecho el abogado,
Y se rió como un bobo
Del marido burlado,
Que dejó entrar en su rebaño al lobo.
Guarda un pastor cien cabras y a la sola
Que al hombre en suerte cabe,
Nunca guardarla sabe,
Pues se tiende y se duerme a la bartola.
Difícil la cuestión le parecía,
Pero imposible, no.
La que él tenía,
Y eso que era de genio muy astuta,
Estaba bien guardada,
Y nada en ella había de… disoluta,
Y en la cabeza de él, tampoco nada.
Ante una afirmación tan especiosa,
No creerás si te digo en el momento
Que la heroína del cuento,
Del romano doctor era la esposa;
Y sin embargo lo era,
No lo dudes, lector, ni por asomo.
Y lo peor fue que preguntado el cómo,
Y el cuándo, y la ocasión, y la manera,
Si era dulce su trato,
Qué secretos encantos poseía,
Al cabo, el doctor vio que, el otro, hacía
De su esposa el retrato.