Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Para abrir el arcón de los doblones
O de los corazones,
Sirve la misma llave,
Y el astuto Cupido bien lo sabe,
Pues escrito lo lleva en sus pendones.
Cuando exhaustas de fechas ve sus manos,
A este recurso acude diligente,
Y con razón, qué ¿quién odia un presente?
Por los dones se mueren los humanos,
Sean príncipes o reyes,
Sean los curiales que nos dan las leyes.
Y así, cuando una bella,
Un regalo recibe con delicia,
No la busco querella,
Pues bien puede hacer ella
Lo que hace la Justicia.
Un togado de Mantua tomó esposa.
Él se llamaba Juan, ella Florinda;
Él ya canoso, y ella fresca y linda,
Y a más de linda, hermosa.
No contento el marido,
Aumentó con sus celos la valía
De este tesoro que tenía escondido,
Y, en verdad, merecía
Por los más agraciados ser servido.
Y lo fue con afán, mas sin fortuna,
