Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Tanto galán que ante la puerta pasa?
Me diréis que hasta ahora
En vano han suspirado y han gemido,
Y lo sé; pero, creedme, y sin demora
Mientras estoy en Roma detenido,
Marchaos a nuestra quinta de Perálos.
Huid la villa, los hombre, los regalos.
Son estos del amor armas terribles
Y en este punto mi experiencia abono.
El don fue siempre padre de abandono.
Sorda quede a su voz vuestra hidalguÃa,
Como a su hermana la zalamerÃa.
Cuando vengan a vos mozos galanos,
Cerrad pronto los ojos, y las manos.
Nada os faltará, no; a la cabeza
Quedáis de mi riqueza;
Oro, billetes, tÃtulos y bonos,
Disipad cual os plazca mi fortuna;
Si os falta, pedid a mis colonos,
Que yo no he de pediros cuenta alguna.
DivertÃos y alegraros, mi paloma,
Placeres y recreos poder tenéis,
Menos los del amor, que guardaréis
Para cuando regrese yo de Roma».
El buen hombre olvidaba, o no sabÃa,
Pues en esto más saben las mujeres,
Que no hay dable placer, sin los placeres