Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Pues la elevó con esfuerzo prodigioso,
Y en su seno gentil piedra no lleva
Que a mí no me la deba.
Mis hermanas y yo, somos sencillas,
No morimos y hacemos maravillas;
Pero, siempre vivir es un tormento,
Pues cual la raza humana,
Conocemos también el sufrimiento:
Somos sierpes un día de la semana.
¿Recordáis que aquí mismo, cierto día,
Salvasteis una que ciego apremio
Un aldeano cruel matar quería?
Pues la sierpe era yo y os debo el premio
Que acción tan generosa merecía.
Quiero que sin demora consigáis
La adorada mujer que deseáis.
Con la fortuna que mi afán os brinda,
En muy breves instantes
Ganaréis el afecto de Florinda
Y de sus vigilantes.
Tirad, gastad y dad a todo el mundo,
Verted a manos llenas plata y oro,
No faltará, que vuestro es el tesoro
Que me guarda Luzbel en el profundo[10].
Pronto verá la dama inexorable,
Lo que es pasión a la riqueza unida;
Y, para hacerla así más favorable,