Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Vais a verme en perrito convertida
Mientras vos os mudáis en peregrino,
Y haremos el camino
Vos, delante, tocando
La chirimía, y yo detrás, saltando».
Tan pronto dicho se cumplió el asunto;
Atís en peregrino se vio al punto,
Y cantando con blanda melodía;
Manto, trocada en perro, le seguía.
En breve a la mansión de la querida
El cantor con su perro alegre llega;
Los mozos y lacayos los rodean,
El animal y el amo los recrean,
Bailan el mayordomo y la pasiega.
Escucha el ama y manda a su nodriza:
«Venid, dícenle, a ver la donosura
De este perro, un milagro de natura,
Que sólo con mirarlo os hechiza.
Habla, comprende, baila, ríe e implora;
Ha de volvemos loca a la señora,
Pues, con ella se entienda o no se entienda,
Forzoso es que lo venda».
La nodriza dirige la demanda
Al peregrino, que con voz melosa,
Y pidiendo perdón, si se desmanda,
Le explica así la cosa:
«Vender el perro, nunca, y darlo, menos;