Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Es para mí un tesoro de bondades,
Socorre siempre mis necesidades,
Y gracias a él mis días son serenos.
Con tres palabras, y sin más razones,
Se sacude y me da buenos doblones,
Rubíes, diamantes, zafiros y perlas,
Sólo me he de bajar para cogerlas.
Empero, si tu ama
Quiere satisfacer de amor la llama,
Y pasar en mi unión sólo una noche,
Ya que no con elogio, sin reproche,
Tendrá el perro al salir yo de su cama».
Sorprendió a la nodriza la propuesta.
«¿Cómo pues? ¡Acostarse mi señora,
Toda una embajadora,
Con hombre tan humilde!
Y si la fiesta
En Mantua al fin se sabe,
¿Quién habrá que la alabe?
Verdad es que este mozo
Es hermoso de cuerpo y de colores,
Que se ve con gozo,
Y está, el tunante, respirando amores».
El hada Manto a Atís mudado había
Y nadie a la sazón lo conocía.
«A muchacho de gracia tan preciada
La nodriza añadía,