Fabulas libertinas
Fabulas libertinas ¿Es acaso posible negar nada?
Luego, su perro es cosa tan divina
Que el reino de la China
No pudiera pagarlo con su oro.
¡Es verdad que nostrama es un tesoro!».
Olvidaba deciros que el amante
Haciendo diez ducados al instante,
Que ofrece a la nodriza,
Luego, cayó un diamante,
Que Atís recogió, diciendo: «Sin demora
Ve a entregar esta piedra a tu señora,
Y, dila de mi parte
Que es una ínfima prueba de mi arte,
Y que espero, muriendo,
Que decida ahora mismo mi destino».
La nodriza, corriendo,
Fue a exponer la misión del peregrino.
de los demonios.
A punto estuvo de costarle caro,
Pues Florinda se puso delirante.
¡Tener el gran descaro
De proponerla infamia semejante!
Y ¿con quién? ¡Si a lo menos Atís fuese!
«Yo a Atís con mis crueldades he perdido.
Nunca Atís cosa tal me propusiese.
Ni de un rey, en verdad, lo habría sufrido,
Aunque su reino entero me ofreciese,