Fabulas libertinas
Fabulas libertinas ¡Y ahora la sufriré de un peregrino
Que siga su camino,
Soy una embajadora. —
Señora, dice al punto la nodriza,
Que la codicia atiza,
Aunque emperatriz fueseis, mi señora,
Tiene ese hombre una cosa tan preciosa,
Que ganarÃa la más gallarda diosa.
Puedo decirlo sin ningún ambaje,
No vale AtÃs lo que ese personaje.
—He prestado a Don Juan un juramento…
—¿De guardarle la fe del casamiento?
Y ¿qué, señora, os liga por ventura
Más que cuando jurasteis ante el cura?
Muchas van con la gaita levantada
Que no erguirÃan tan alto las narices
Si una mancha encarnada
Les dibujase en ella sus deslices.
¿Perdemos, mi señora, un algo, en eso?
Por nada vuestro espÃritu se apoca;
Nadie sabe en el mundo si una boca
Viene de dar un beso.
Entregaos a ese amor; no os entreguéis,
Siempre en el mismo estado os veréis.
¿Y para quién guardáis vuestros amores?
¿Para aquel que con mano poco suelta
Dejará en el jardÃn todas las flores?…