Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y no sabe el secreto.
Mas ¿quién afirma la constancia humana?
Nunca hubo paz segura entre mujeres,
Que siempre anda el diablo entre estos seres,
Y medió tal jarana
Entre el ama gentil y la nodriza,
Que la lengua de aquesta entró en la liza
Y por vengarse, el pecho enardecido,
Puso al cabo a Don Juan, de lo ocurrido.
El furor del esposo fue terrible
Y a expresarlo renuncio; por el acto
Que resolviera y certifico exacto,
Juzgaréis si era Juan hombre sensible.
Escogió cierto paje,
Que no era malo para tal mensaje,
Y le mandó dijese a su señora,
Que en la ciudad Don Juan enfermo estaba.
El marido en su casa se ocultaba
Y de él nada sabía la embajadora.
«En el bos que, con ella, diligente
Te alejarás bastante de su gente,
Y muerte la darás con mano lenta.
Me ha hecho mortal afrenta
Y ha de pagar la infame con su vida,
Pues la mía está perdida.
Vengarme, paje, no es en ti desdoro.
Sálvate luego; va, toma este oro,