Fabulas libertinas
Fabulas libertinas Y si te falta, en ocasión alguna,
Acude a mí, que tuya es mi fortuna».
Tan luego el paje en marcha se ponía,
El perrito a Florinda prevenía;
¿Cómo? como hace un perro; suavemente
Del ropaje nos tira,
Ladra, gime, se queja y aun suspira,
Y se ve lo que quiere fácilmente.
Este perro hizo más, pues francamente,
Contó a Florinda al punto,
Del paje de Don Juan el negro asunto.
«Partid sin replicar, dijo; en buen hora
Estoy yo aquí para seguir al paje,
Y no llevará a cabo su mensaje,
Os lo afirmo, señora».
Llegó el enviado; luego se marcharon,
Caminando, a la selva se acercaron;
Con el pecho agitado y la voz viva
Mandó avanzase más la comitiva
Y en fin, saca la daga y con ahínco
Toda su rabia en su socorro llama,
Va a herir… mas da al instante el perro un brinco
Y no encuentra ante sí perro, ni dama.
Vuela el paje a contar a su celoso
El milagro que vio; y aquél, furioso,
Entre el embuste y la verdad incierto,