Figaro
Figaro —Pero habrá juegos de mil suertes diferentes, como en toda Europa… habrá jardines públicos donde se baile; más en pequeño, pero habrá sus Tivolis, sus Ranelagh, sus Campos ElÃseos… habrá algún juego para el público.
—No hay nada para el público: el público no juega.
Es de ver la cara de los extranjeros cuando se les dice francamente que el público español, o no siente la necesidad interior de divertirse, o se divierte como los sabios (que en eso todos lo parecen) con sus propios pensamientos: creÃa mi extranjero que yo querÃa abusar de su credulidad, y con rostro entre desconfiado y resignado:
—Paciencia —me decÃa por fin—; nos contentaremos con ir a los bailes que den las casas de buen tono, y las suarés…
—Paso, señor mÃo —le interrumpà yo—: ¿conque es bueno, que le dije que no habÃa gallinas y se me viene pidiendo?… En Madrid no hay bailes, no hay suarés. Cada uno habla o reza o hace lo que quiere en su casa con cuatro amigos muy de confianza, y basta.