Figaro
Figaro EntendÃasele un poco más al castellano de gallego que de achaques de gobiernos, y con voz reposada y tranquilo continente:
—Yo no sé de quién soy vasallo —contestó—, ni me urge saberlo, sino que voy a mis negocios: yo ni pongo rey ni quito rey: quien anda el camino tenga cuidado…
Enfadábase ya el portugués, y era cosa temible. ConocÃalo el labriego, y antes que echase la casa por la ventana, si bien allà no habÃa casa ni ventana:
—No se enfade vuestra merced, señor portugués —le dijo—, que yo siempre seré vasallo de quien mande; sabido es que yo y los mÃos nunca descomponemos partido. ¿Pero quién es mi rey en esta tierra?
—Eu senhor Carlos V.
—Vaya, sea enhorabuena —contestó el castellano—, porque yo por ahà atrás me dejaba reinando a mi señora la reina…
—¡Casteçao! —No se enfade vuestra merced… y de allà a poco entraban ya compadres por el pueblo el portugués de la mala cara y el español de las buenas palabras.