El diario de Tita
El diario de Tita Esta casa es cenizas.
Anoche, después de hacer el amor, Pedro me miró con la misma intensidad con la que lo hizo el dÃa en que nos conocimos.
—Eres mi vida —dijo.
Y entonces, su cuerpo se desplomó.
Grité su nombre, lo sacudÃ, le pedà a Dios que me lo devolviera. Pero no. Pedro habÃa muerto en mis brazos.
El dolor fue insoportable. Algo en mi pecho se desgarró, y supe que no podÃa vivir sin él.
Encendà una vela. Luego otra. Y otra.
El fuego creció, rodeándome.
No sentà miedo. No sentà dolor. Solo el calor de Pedro en cada flama.
Y asÃ, juntos, nos convertimos en luz.
